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Eastland

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Eastland o East Cape, es de aquellos lugares que casi nadie va. Ni turista, ni los propios Kiwis. Busque preguntar a un residente de Nueva Zelanda, si ya fue allá. Casi un 100% de las respuestas son: "Ya estuve cuando era pequeño" o "Escuché hablar que es muy bonito". Por eso, resolvemos que era hora de entender ese misterio kiwi, y partimos rumbo al extremo Este de Nueva Zelanda. No sabíamos nada sobre el lugar, ni donde hospedarse, o incluso se habría gasolina por el camino. Sólo sabíamos que saldríamos de la ciudad de Whakatane para llegar en Gisborne, en un recorrido de cerca de 500 km en carretera asfaltada beirando el litoral, y contornearíamos el Cabo en toda su extensión. Todo más sería sorpresa.

cuando salimos de Whakatane  notamos una disminución en la cantidad de vehículos en la carretera. El primer tramo hasta Ohope, aún tiene alguna cosa, porque la playa es un balneario de Whakatane, pero pasándose de ella, y después de contornear el estuario, la cosa muda de figura, y el movimiento pasa a ser solamente de hacendados locales. Otra cosa que se nota, es un cambio brusco de terreno y de colores (foto). Lo que era plano y con poca vegetación, se transforma en un terreno montañoso bastante boscoso y con muy verde. El paisaje es bastante acogedor, y la carretera muy buena, de aquellas que da gana de siempre seguir adelante. La primera ciudad en el trayecto es Opotiki. Pequeña, bonita, además de importante eslabón vial y ruta más corta para Gisborne. También es uno de los últimos lugares para cualquier mantenimiento en el vehículo, incluyendo gasolinera y comprar comida, bebida y tira-gusto en la birosca. De ahí en delante, comienza la verdadera aventura.

La primera sorpresa es que de ahora en adelante hasta allá encima en lo Cape Runaway, la carretera riba literalmente el mar, en una sucesión interminable de enseadas, cada una más linda que la otra. En esas alturas, se cruza con esporádicos vehículos. Ovejas así como gente, desaparecen de vista, y una u otra villa, con pocas casas aparece de tiempos en tiempos. No venimos un único barco en el mar, pero venimos algunos Maraes característicos por el tejado rojo y esculturas, y sabemos que los Maoris que habitan la región, usan barcos para a pesca y sostén de sus familias. Estamos literalmente en tierras Maoris, y inclusive venimos placas que renforzan este estatus. Una decía algo así:" Por determinación del Jefe Te Wahawera (nombre ficticio), está prohibida la captura de Langostas y Mejillones en una distancia de 50 metros de la playa o arrecifes" y enseguida complementaba:" A pesar de ser legalmente liberada por el gobierno, no insista".

Cuanto más cerca del cabo, más altas se hacen las montañas, y la carretera también, que pasa a rasgarlas, abriendo camino para más otra playa o enseada adelante. La carretera se hace difícil para el conductor, pues paisajes deslumbrantes y curvas bien cerradas requiere total atención. Muchas de esas curvas tienen que ser hechas la 25 km por hora, o se corre el riesgo de ir a parar dentro d'agua. El adelanto pasa a ser lento, y cada minuto si para para apreciar el paisaje y quitar fotos. Las enseadas son cada una más bonita que la otra, y cada punta que se dobla, otra enseada aparece. Eso nos inspiró a bautizar esa carretera de "Enseadas Parade" pues son literalmente cerca de 150 km de enseadas una después de la otra. Ya hace tiempo que pasamos la última Vila Maori, y no tiene alma viva alrededor, ni en la carretera. Cuando el coche para y se desconecta el motor, la única cosa que se escucha son pios de pájaros y el marulho de las ondas, nada más. Escuché un trueno distante que reveló ser un avión volando alto, por la trilla blanca que las turbinas dejaban en el Cielo, pero en pocos minutos el silencio volvió a imperar. Todo era plenitud y paz.

Pasamos el Cabo Runaway  y  a partir de ahí la carretera intercambia las enseadas por el visula de las montañas del interior. El paisaje muda y la vegetación densa desaparece, dando lugar a montes arrugados por presiones tectônicas, cubiertos con un profundo verde. En esa parte, la carretera se hace una verdadera academia de gimnasia. No hay rectas, parece una montaña rusa, con sube y desciende y infindáveis curvas. No se consigue quedarse en la misma marcha por más de algunos segundos, y el cansancio de dirigir en zig-zag ya comienza a dar señales. No veo la hora de llegar en Hicks Bay (foto), pues finalmente salimos a las 10 de la mañana y el Sol ya está cerca de ponerse. Del Cabo hasta Hicks Bay serían solamente 94 km, pero llevó 2 horas, o sea, una torturante media (para no decir tartarugante) de 47 km por hora. Al llegar, todo lo que quería era parar de balancear y tomar una cerveza helada para finalizar el gran día, pero al buscar el único Motel existente, constatamos que los precios estaban en la estratosfera, y según el mapa, en Te Araroa 10 km adelante, habría otro hotel. Resolvemos arriesgar.

Te Araroa en lo mapa, aparece como un punto en amarillo en vez de blanco, lo que significa una villa de porte mayor. Sólo que cuando llegamos, deparamos con una única calle (foto) y algunas manzanas con casas alrededor. Cadê el hotel? Cadê la gasolinera? Bien, el Hotel tava allá, sólo que cerrado para reformas, pero el bar tava abierto, no tuve dudas...Voy pro bar dar un tiempo, y después veo donde dormir o vuelvo para Hicks Bay. El gentil señor que me atendió era el dueño, y me explicó que estaba haciendo obras en la cocina, y por eso dispensó los operarios y cerró el hotel. Yo pregunté sobre otras acomodaciones en la ciudad, y él respondió que no existía. Vendo mi desapontamento (y tal vez cansancio estampado en la faz), ofreció un cuarto en el hotel para una pernocte por un tercio del precio, pero sin desayuno, o cualquier atención. Yo topé en la hora, y él me pidió 30 minutos para arreglarlo, y yo pedí para llenar mi vaso varias veces. Todo bien! El tiempo cerró y llovió, pero quien se importa..

Me desperté y tomé un susto. . Miré por la ventana y donde debería ser la arena de la playa, sólo había troncos de árboles. Mi anfitrión contó que en 1985 un fuerte ciclón alcanzó la región con lluvias torrenciales, que ocasionó grandes deslizamientos de tierras en las arrinconas. La marea se encargó de depositar todo en la playa, y ahí se quedó hasta hoy. Porque no remueven? pregunté. Saldría muy caro, y la villa no tiene recursos para tal, él respondió. Por qué no queman, pregunté? Si quemar va a quedarse en llamas por meses a la hilo, porque ha muy tronco enterrado a hasta 10 metros de profundidad, y y encima, el fuego puede esparcirse y quemar la ciudad. Sólo el tiempo va a dar cuenta, él habló. Descubrimos una bomba de gasolina que se queda en el patio de la tienda que vende leche y pan, lo que me dejó tranquilo, pues el consumo en la carretera sinuosa fue muy además del normal. Sale con tanque lleno, estábamos la poco más de la mitad del camino, y sólo restaba 1/4 de tanque. Preparamos las cosas, tomamos un jugo en la tienda y partimos para la segunda etapa hasta Gisborne.

La carretera continúa sin rectas, pero no estoy importándome más, y parece que dirijo así desde que nací. El visual de las montañas es fantástico, y la carretera corre lejos de la costa. Después de una curva, damos de cara con el espectacular MT.Kikurangi, una montaña de casi 2000 m, de más alta de las Ruaukumara Ranges. Quería parar para quitar foto, pero cuando miré en el retrovisor, tenía un camión que llenaba todo él. Gracioso, tenía me olvidado que esa carretera no fue construida sólo para mí. Por eso continuamos hasta la villa de Tokomaru Bay, una villa Maori de pequeño porte a la riba mar sin grandes atractivos. El paisaje cambió completamente, y la vegetación dio lugar la montañas bajas cubiertas de capim. Ovejas, gente, y coches pasan a ser más frecuentes, y por primera vez en 2 días, venimos un coche de policía. Las enseadas dieron lugar la playas anchas y pontais que avanzan mar adentro, la mayoría erodido por el tiempo y carecas de vegetación. El paisaje es desolador, más aún así no deja de ser bonita. Talaga Bay es la prójima parada, y villa de medio porte, sirviendo de balneario para los habitantes de Gisborne. Allá tiene el mayor Pier de Nueva Zelanda entrando 600 metros mar adentro. Prójima parada, Gisborne.

Así el mistério fue desvelado,  y ahora sabemos el porqué mucha gente no conoce la Eastland, o porqué muchos de los que conocen no retornaron. El hecho es que tampoco pretendemos volver, pues es el tipo de viaje inolvidable, pero una vez que las sorpresas son reveladas, ya no hay lo que verse. Toda la región es espectacular, y los paisajes, de quitar el aliento, pero la infraestructura es casi cero, y la carretera un martirio para el conductor (a pesar de ultra bien pavimentada y señalizada). Algunos pedazos tiene una pista sólo y se baseam en la cortesía del conductor dar la vez. Además de eso, sólo existen 4 opciones de acomodación en todo el recorrido. (Los Maoris no permiten que se acampe en las tierras de ellos sin autorización). Para los Surfistas, en esos lugares quiebran ondas jamás surfadas. Es impresionante la cantidad playeras con óptimas ondas para Surf, debido al gran número de enseadas. Por el camino, venimos por lo menos 5 Points Breaks, además de varios buenos Beach Breaks. Todos sin viva alma. Me quedé imaginando esos lugares con swell grande, pues el mar estaba sólo con medio metro, y yo no había llevado prancha en ese viaje. Quien sabe en un futuro..

Pistas para el Trayeto:

  • Llene el tanque del auto en Whakatane o Gisborne (si el sentido sea inverso)

  • La carretera es una pesadilla para autos pesados o remolcando Trailers. Si fuera alquilar, prefiera auto automático o va a tener que intercambiar de marcha un billón de veces

  • Leve cámara fotográfica con batiría sobresalientes (y tal vez más tarjeta de memoria). No hay donde cargar o comprar nada por allá

  • Leve smacks, comida y bebida. Sólo en Te Araroa tiene una tienda y gasolina.

  • Verifique el neumático step del auto, mono, y llave de rueda. Móvil no coge en el área, y a veces pasan más de 2 horas sin que vea una alma viva por la carretera.

  • Jamás acampe o entre en tierras Maoris (todas son) sin permiso. Respete las placas, Maraes ( el templo de los Maoris), y avisos

Distancias y tiempo medio de viaje:

Whakatane - Opotiki 54 km  45 min.
Opotiki - Te Kaha 66 km  1 hora
Te Kaha - Te Araroa  94 km   2 horas
Te Araroa - Tokomaru  90 km  1 hora e 30 min
Tokomaru - Talaga 36 km  30 min.
Talaga - Gisborne 54 km  45 min
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